martes, 14 de diciembre de 2010

ENTREVISTA A MARIO VARGAS LLOSA

Premio Nóbel de Literatura de este año, el escritor peruano Mario Vargas LLosa afirmó ayer en una rueda de prensa que América Latina tuvo un desarrollo político extraordinario en los últimos 30 años. “Hubo una consolidación de las democracias en el continente a pesar de todavía permanecer la dictadura cubana de los hermanos Castro, el intento de dictadura de Venezuela capitaneada por Hugo Chávez y los gobiernos autoritarios de Bolivia y de Nicaragua”, argumentó él, en Porto Alegre, en vísperas de presentar su conferencia en la Universidad Federal de Rio Grande do Sul en el ciclo anual de conferencias Fronteras del Pensamiento.


Cuando usted recibió el Nóbel dijo que dejó de pensar. ¿Por qué?
Recibí la llamada, esperé 14 minutos y la noticia se hizo pública. A las 6 horas de la mañana, en Nueva York, mi casa había sido invadida por 20 personas desconocidas, con cámaras, que me entrevistaban. No tuve tiempo de pensar con esa invasión tan terrible de los medios de comunicación en mi vida. El Nóbel despertó una curiosidad frívola. El ganador del premio pierde completamente la privacidad, se convierte en una figura pública, condicionado por fuerzas que no controla. La persona se convierte en un zombi, una especie de autómata que actúa por movimientos determinados por fuerzas externas. Pero, aún así, quedé muy contento es una experiencia sorprendente.
¿Qué está creyendo de las elecciones en Brasil?
Me alegro que haya elecciones en Brasil. Espero que sean muy libres y auténticas. Deseo que los brasileños voten con inteligencia, con acierto. Para que el gobierno elegido mantenga este proceso de desarrollo, de modernización, que ligera a cabo Brasil y que impresionó al mundo entero. Y que corrija también los posibles errores que este gobierno pueda haber cometido. No puedo hablar más, no estoy informado de los detalles y sería irresponsable opinar de una forma partidaria sobre estas elecciones.
¿Su hacer literario debe cambiar después del Nóbel?
No creo que el premio tenga influencia sobre eso. Mi forma de escribir no va a mejorar ni empeorar a causa del Nóbel. Tampoco van a cambiar los temas, que forman parte de la experiencia de un escritor. Todos ellos nacen de ciertas experiencias llaves. Las técnicas que utilizo para narrar ya hacen parte de lo que soy. Pero mi vida será un poco alterada a causa de la curiosidad, de la falta de la privacidad y de la imposibilidad de aislarme.
¿Cómo analiza la política de los gobiernos latinoamericanos, en gran parte de izquierda, y como evalúa el gobierno argentino?
Creo que en América Latina, si la comparamos con el pasado, hay un progreso considerable. Cuando yo era joven América Latina estaba repleta de dictaduras de un extremo a otro. Lo que había era dictadura militar. Los gobiernos civiles y democráticos eran la excepción a la regla: Costa Rica, Chile, Uruguay y no había muchos más. En ese sentido tenemos un progreso considerable. Hoy tenemos pocas dictaduras. Además de Cuba, hay una semi-dictadura que es la de Chávez y gobiernos que son un poco populistas, con vocación autoritaria, como Nicaragua y Bolivia. Pero el resto de América Latina tiene gobiernos democráticos, nacidos de elecciones. Hay pluralismo político, con libertad de expresión. Son democracias imperfectas, sin embargo democracias. Tenemos fenómenos mucho interesantes, lo que no existía en el pasado. Tenemos una izquierda democrática en países como Uruguay y Brasil. Es una izquierda que respetó la democracia y, en el campo económico, renunció a las viejas recetas socialistas y comenzó a utilizar políticas liberales y de la social-democracia que fueron muy provechosas para esos países. También tenemos una derecha democrática. Una derecha que no usa el golpe de estado militar, que mantiene la legalidad institucional en Chile, Perú y Colombia. Son casos muy positivos porque, si queremos tener una democracia arraigada, necesitamos que existan izquierda y derecha democráticas.

¿Cuáles son los problemas que usted ve para esos gobiernos?
Soy muy optimista, pero todavía hay muchos problemas. La corrupción es una plaga que se extiende por todo el continente. Tenemos el problema del narcotráfico, una industria muy poderosa económicamente y que puede competir con el Estado de igual para igual. Eso acontece porque el narcotráfico tiene una enorme fuerza corruptora. Son problemas que tenemos que combatir, pero el marco está cada vez más adecuado: democracia política y economía de mercado. Podemos salir del subdesarrollo y, a la vez, disminuir la violencia y crear igualdad de oportunidades. Esa es la buena dirección que afortunadamente ya fue tomada por la mayoría de los países latinoamericanos. Si comparemos con 20 o 30 años, hay un progreso extraordinario en América Latina.
¿Por qué usted está haciendo críticas al gobierno argentino?
El caso de Argentina me parece muy triste. Me da mucha pena. Hoy nadie recuerda que Argentina fue un país desarrollado en la misma época en que toda América Latina era subdesarrollada. Nadie más se acuerda que Argentina fue uno de los primeros países del mundo que acabó con el analfabetismo. Argentina tuvo un sistema de educación que fue modelo para el mundo. Si hubiese seguido ese rumbo, sería hoy uno de los países más avanzados del planeta, pero no es. Las razones son puramente políticas: por los malos gobernantes, por los demagogos y también por la dictadura militar, que contribuyó mucho para esa ruina. El gobierno actual de Argentina parece que tocó el fondo de la demagogia, del populismo y de la falta de integridad moral. Es una crítica cargada de tristeza, pero también de solidaridad con un país que, en cierta época, ya fue el más culto de América Latina. Era el país por donde conocíamos la literatura mundial, con sus editoriales, sus revistas como Sur. Por ello, es triste pensar que el país de Jorge Luis Borges, de Victoria Ocampo, de la revista Sur, de las editoriales Losada, Sudamericana, hoy esté en las manos de la pareja Kirchner. Paro por ahí…
¿Sus ideas sobre política cambian, pero sobre la literatura usted todavía piensa de la misma manera que en su juventud?
Seguramente mías ideas cambiaron. Por ejemplo, en los años 50 cuando estaba en la universidad, seguía las teorías de Sartre, sobre la literatura comprometida. Fui seducido por la idea de que la literatura podría ser un instrumento para transformar la sociedad. El ensayo de Sartre, llamado Lo que es la literatura , me impresionó mucho y dio un gran aliento a mi vocación. Eran ideas estimulantes para un joven. Yo veía que, además de ser un arte, la literatura era también una manera de intervenir en la vida pública, defendiendo las mejores opciones. Porque las tareas creativas eran una arma política para luchar contra la injusticia. Eran ideas exaltadas, pero rápido vimos que no habían sido confirmadas por la realidad. El propio Sartre dejó de hacer literatura para escribir ensayos políticos o filosóficos. Por otro lado, quedó evidente que la literatura no produce cambios históricos inmediatos y no puede ser convertida en un instrumento de acción política. La literatura deja marcas profundas en la vida, pero creo que es de forma indirecta, a través de las conciencias de la sensibilidad que ayuda a formar. Pero de una forma imprevisible que no se puede planificar ni programar. Una persona no puede afirmar que escribiendo de esta o de aquella manera va a conseguir provocar cambios en la sociedad. La literatura tiene un efecto sobre la sociedad. Un efecto que no es dominado por el escritor, pero provoca un desasosiego, una especie de malestar, y siempre resulta en actitud crítica. Creo que la literatura estimula mucho la crítica frente a todos los aspectos de la realidad, y esa es la razón por que todos los regímenes autoritarios y totalitarios establecieron sistemas de censura, de control de la literatura. Porque vieron en ella un peligro. En verdad, ella es un peligro para cualquier dictadura porque estimula una actitud crítica frente al mundo, a la realidad. Así yo cambié mucho. A partir de un momento, descubrí el humor, que yo creía que no era literatura. Descubrí el humor con la novela llamada Pantaleón y las Visitadoras. Yo vi que el humor podría ser una forma riquísima de contar algunas historias. Cambié mucho, sólo no cambié el pensamiento de que la literatura es imprescindible.

PRESENTACIÓN

Hola lectores. Os doy la bienvenida al blog de lengua castellana y literatura de 1º ESO.

En este blog se reforzarán todos los contenidos aprendidos en clase.  Vuestra participación es importante.